“Mad Men es un término acuñado a finales de los cincuenta para describir a los ejecutivos publicitarios de la Avenida Madison” (Leyenda con la que comienza el primer capítulo)
Don Draper a través de su trabajo
Todo pasa en la agencia de publicidad Sterling Cooper. Don Draper (Jon Hamm) es el director creativo y ejecutivo estrella de la firma. Su empleo consiste en idear campañas publicitarias para grandes clientes, desde Lucky Strike al Hotel Hilton. Draper siempre tiene una solución para cada uno de ellos y logra convencer al consumidor que hay una demanda que sólo su cliente puede satisfacer.
El escenario de la empresa es un salón gigante en el que corren las administrativas multi-función. Pero los Mad Men tienen oficinas privadas y secretaria propia. Según la jefa de secretarias Joan Holloway (Christina Hendricks) son una mezcla de madre y moza.
El lugar de trabajo también es - por momentos - un espacio en el que los adultos se convierten en adolescentes presos de sus hormonas. Éste es el sitio donde Don Draper establece sus vínculos más trascendentales. Por un lado está su amigo cuarentón y mujeriego Roger Sterling (John Slattery), uno de los miembros fundadores de la firma. Entre ambos hay una conexión atípica: se critican, ríen y trabajan juntos pero sólo en contadas ocasiones la relación traspasa la oficina.
Un personaje muy ambiguo es Peter (Vicent Kartheiser), un joven y ambicioso ejecutivo de cuenta que trata de caerle simpático a Don. Draper suele destestar su compañía pero cuando al final de la tercera temporada la agencia se disuelve, no duda: Peter debe estar entre sus hombres.
El eslabón más importante para intentar desenmarañar la personalidad del brillante ejecutivo es Peggy Olson (Elisabeth Moss). Ella comienza como una tímida secretaria pero con el correr de los capítulos se gana a pulso convertirse en una publicista más. Peggy encarna el brutal cambio que tuvo que atravesar la mujer en esa época. Y Don, un representante del machismo, es el que más la ayuda.
Es la única persona de su círculo cotidiano con la que puede ser más honesto. No por esto deja de exigirle perfección y si quiere mortificarla, lo hace. Lo increíble es que teniendo actitudes tan machistas, la trata de igual a igual y son muy pocos (mujeres y hombres)los que obtienen esto de Don. Con Peggy, como con Peter y con Sterling, Draper prioriza el respeto ante todo.
Margaret Peggy Olson
Peggy es la figura emblemática de la lucha de la mujer en los ´60s. Ella no compra el modelo de familia perfecta ni las costumbres religiosas que su madre pretende imponerle. Sus metas son la libertad de decidir y el profesionalismo. En su rol se encarna el de cualquier mujer que se encuentra con el techo de cristal, esa barrera invisible que obstaculiza el acceso a puestos importantes de trabajo. No entra en los cánones clásicos que la sociedad le exige. En esto es muy parecida a Kima en The Wire.
Peggy va al ginecólogo para hacerse un chequeo. Dr. Emerson: “Por tus datos y tu dedo veo que sos soltera, aún así querés tomar anticonceptivos…Te advierto que te retiraré la medicina si abusas e ella. La verdad es que aún en esta época moderna las mujeres fáciles no encuentran marido. No te conviertas en la prostituta del pueblo para justificar los 11 dólares que sale el medicamento”.
Aquí, Peggy se asombra de la reacción de los hombres. Ella, a fuerza de tenacidad y voluntad pasa por distintas etapas. Y sí, tropieza. Y no, la vida en Nueva York dista de ser perfecta.
Estados Unidos, marzo de 1960. La televisión, la familia atómica y el consumo extra-large sumergen a la sociedad estadounidense en un estilo de vida basado en las apariencias, en tratar de demostrar ser más a través de lujosas casas, autos carísimos y empleadas domésticas. Es la época de los melodramas de Douglas Sirk, la guerra fría pero sobre todo, de la silenciosa ruptura del modelo americano. Desde adentro, se sentía el olor a podrido pero todo estaba bien porque lo tapaban con whisky y cigarrillos.
Era un momento de glamour para los ejecutivos, de emborracharse de éxito y lujos. Este es el contexto de Don Draper, un Mad Men de la agencia Sterling Cooper. Desde su óptica, el espectador se sumerge en esa época, y conoce su lado menos amable. El protagonista está casado con una modelo devenida a ama de casa. Es padre de una nena y un nene. La casa, ubicada en las afueras de Nueva York, está provista de tele, heladera, lavarropas y un living bellísimo con tocadiscos. Don tiene con Beths (January Jones), un matrimonio difícil. Si fueran contemporáneas, Grace Kelly sentiría envidia. Elizabeth es fina, elegante y preciosa pero muy fría. Aquí, una de las cenas de la familia.
El Sr. Draper le regala a su esposa un reloj bañado en oro para que sepa que no le falta nada en la vida y que ir al psicólogo (porque a Betty se le acalambran las manos de los nervios) es una pérdida de tiempo. Cuando se da cuenta que es una bomba a punto de estallar, accede, pero oh, se cree con el derecho de hablar con el terapeuta para ver qué le cuenta en las sesiones. Por supuesto el secreto profesional en esa época distaba del actual, más con la billetera del publicista de por medio.
Don quiere que su mujer esté en su casa, cuide a sus hijos y se vista muy recatada. Una imagen que enardece: Betty le muestra a Don cómo le queda un bikini amarillo, él se enoja y le ordena que no se lo vuelva a poner.
Elizabeth Draper
Betty es tan difícil de descifrar como su marido. Es el ama de casa típica de las publicidades de esos tiempos, con sus vestidos campana y sus peinados platinados. Tiene el suficiente confort para no ensuciarse las manos pero está agobiada y es infeliz porque más allá de todo su sueño es ser modelo y más allá de la familia, ella anhela una relación con Don que no puede concretar. Porque él la tiene de figurita y no quiere más que eso. Elizabeth Draper es el símbolo de la mujer perfecta para el hombre de esa época, ideal para adornar el living, el comedor y para estar mirando la tele.
La decadencia del modelo fue inmediatamente percibida por la juventud. Los beatniks, el bebop y las drogas fueron símbolos de una nueva generación que desechó por completos esos valores superficiales impuestos en los cincuenta. Y Mad Men, con sus protagonistas de traje y anclados en familias establecidas, pegó el salto temporal con seguridad y presentó nuevos personajes secundarios que representan esa nueva camada.
Don guarda un secreto, parte de su personalidad está escondida en el cajón del escritorio de su casa. Una parte de su ser que lo agobia, lo encarcela y lo aleja de Betty. Draper enfrenta un divorcio y, como se mencionó antes, abre una nueva empresa como socio fundador junto a Sterling y a Cooper. Esta vuelta no tiene que ver con un giro en el guión, sino con reflejar esa nueva década, en la que las grandes firmas de publicidad se venían abajo para ser reemplazadas por empresas pequeñas, mucho más arriesgadas en sus ideas.
La reconstrucción histórica, la ambientación y el vestuario son impecables. Todo el paquete viene envuelto en protagonistas carismáticos sumergidos en un período que más de una/uno hubiera querido vivir.
Don es un personaje que tiene mil aristas. El espectador no espera que alguien tan atractivo, trajeado de esa forma, con tanto pelo engominado y esa elegancia al caminar, al meterse las manos en los bolsillos, al respirar, sea el mismo que tiene esas reacciones opacas, detestables y poco amables. Don es tan imprescindible para la serie, como Mad Men para sus espectadores.
0_ Puede ser prematuro hablar de una tira que aún continúa, que no jugó todas sus piezas y que todavía corre peligro de doblar en la esquina equivocada y, como muchos culebrones argentinos, termine por ceder ante la tentación de falsos embarazos y villanos de caricatura, piezas neurales de los novelescos baratos. Pero El Elegido construyó una trama jugosa, que al día de hoy -2 de julio- es unas de las pocas ficciones argentinas sobre la que resulta apasionante discutir.
1_ Quise escribir una sinopsis de la serie pero cuesta, principalmente porque se hace difícil pintar ese mundo. Dar detalle de cómo se compone la novela es hilvanar decenas de historias en un párrafo aburrido, así que apenas diré que está Andrés -Echarri-, un abogado ambicioso que se casó con Verónica -Brédice-, y que ambos son padres de Alma -Maite Lanata-, una niña autista. Andrés trabaja para Oscar Nevares Sosa -Cruz-, un abogado inescrupuloso padre de David, otro abogado preso de sus perversiones. Oscar lo lleva a Andrés por donde quiere, lejos de su familia y sus afectos. Todo es muy lindo hasta que llega Mariana –Krum-, hippie de treinta y largos que enamora que al protagonista. De ese modo, Andrés se da cuenta que vale más una mujer como compañera que “ser alguien” en su carrera profesional. Pero detrás de todo, hay una guerra fría entre dos facciones de un culto, y ambas pelearán por tener a Andrés entre sus filas.
2_ Verónica y Oscar: es importante destacar que el protagonista está CASADO con una mujer que no es ninguna villana, sino simplemente una persona enferma. Verónica vive dopada -su jugo favorito es naranja, mango y rivotril- y su vileza es producto de su psique atormentada. Ella no es “la mala” por capricho del guión, la maldad de Verónica nace de su incapacidad de ser madre y esposa. Eso permite que nos acerquemos a ese personaje de un modo distinto y que no lo vivamos necesariamente como el obstáculo que impide el amor Andrés/Mariana, sino como una mujer que por momentos se revela frágil, dolida. Luego de la Renata del Malparida, esta es la segunda vez que un villano de novela está encarado desde un lugar atípico. El que sí resulta ser el gran enemigo de la novela es Oscar, secundado por David, su primogénito. Padre e hijo parecen la versión pasada de rosca de Pinky y Cerebro, uno quiere conquistar el mundo y el otro, víctima de sus incapacidades, no para de ponerle palos en la rueda. La relación entre ambos está armada a base de vergüenzas, de secretos y de mentiras que siempre están por estallar. A David le da pudor reconocer que le gusta cogerse ¬(en esos términos, porque “hacer el amor” es cosa de putilines) hombres, y trata de ocultárselo –sin éxito- a su padre. Oscar dirige una fraternidad milenaria pero le cuesta oficializar la entrada de su hijo, lo hace, pero con preocupación. Ambos construyen un vínculo enfermo, basado en las ambiciones personales más que en el bien común. Y como villanos de historieta, su derrota está marcada por esa misma razón: porque no entienden que para triunfar necesitan trabajar juntos.
3_ Greta y Octavio: Vuelve la mentira, el esconderse detrás de un disfraz de abogado/a serio/a. Greta es lesbiana y lo oculta preocupada porque eso haga peligrar su carrera. Octavio es cocainómano, y lo oculta por el mismo motivo. Lo que no se termina de entender en ambos es por qué siguen en pareja. Greta está con Gigi, Gigi la vuelve loca (“quiero un hijo”, “me siento mal”, “¡¡¡Greta te extrañooooooooo!!!!”) pero ella la aguanta estoicamente, aunque la paciencia se agota. Octavio se divorcia de Érica, la insulta y no quiere encontrarse preso de ese matrimonio frio. Él quiere una familia y su mujer no lo entiende. El espectador debería simpatizar con Octavio, pero es imposible no conmoverse ante la triste realidad de su mujer, y comprender que aunque lo ame mal, su amor es honesto. No es odio, es un sentimiento deformado producto de un matrimonio gris. No es culpa ni de él ni de ella, es culpa de ambos.
4_ Alma y Logroñeses: ellos representan el bien (aunque Alma sea anagrama de “mala”), lo que es por encima de lo que debe ser. Alma es la hija de Andrés, y su autismo lejos de ser un impedimento es un don. La niña es incomparable, su condición le permite ordenar el tablero como nadie, le permite curar y ayudar a sus seres queridos. Andrés tiene por su hija un amor incondicional y ella se lo devuelve convirtiendo ese sentimiento en algo puro, y encausándo a su padre hacia labores positivas. Sin Alma, él estaría perdido en una ambición infinita. Su hija salvó la vida de su papá, le dio sentido y lo unió a Mariana. Andrés es el que juega con desventaja, y su hija es quien siempre le da el empujón para ponerlo en carrera. Con Logroñeses pasa algo similar, pero desde un lugar distinto. El líder de la facción más pura de la orden encuentra en Andrés a un futuro líder espiritual necesario para el mañana. Él le da al protagonista una razón por la cual vivir, y completa el trabajo que hace la hija del abogado. Donde Alma pone el corazón, Logroñeses el conocimiento, y solamente el trabajo de ambos en conjunto le permite al protagonista adquirir una nueva dimensión de la realidad, y trabajar para alcanzar un futuro mejor, que tiene que ver menos con ser buen abogado y más con ser un buen tipo.
5_ Andrés y Mariana: la historia de amor eje de la novela es rara por el simple hecho de que es totalmente secundaria a la trama. El objetivo de la novela no es ver juntos a estos amantes, nada de eso. Acá lo importante es el combate entre Logroñeses y Nevares Sosa, Andrés y Mariana simplemente son peones de esa lucha. Pero que estén o no juntos, no hace ni deshace la trama. Obviamente, todos queremos que estén juntos porque deseamos la felicidad de Andrés, y sólo es capaz de alcanzarla junto a ella, pero ciertamente la construcción de la parejita está muy por debajo del verdadero objetivo: detener a Oscar, a su hijo y a toda la mafia que maneja. Andrés y Mariana son el cebo, son las migas pavotas que dejaron los guionistas para que los espectadores encuentren una historia mucho más compleja, más apasionante y con mil vueltas. Hubo algunos que siguieron ese camino y entraron con entusiasmo al complejo mapa de personajes que es hoy El Elegido, pero hubo otros espectadores que huyeron hacia culebrones de cartulina que repiten fórmulas repetidas hasta el hartazgo. Mejor que esas series, El Elegido puso un especial interés en el amor expresado de mil formas distintas. Todos los vínculos entre los protagonistas están trazados por ese sentimiento: por el amor puro, el amor corrompido, el amor que avergüenza o el amor perdido. Como todas las novelas, el amor es la materia prima de la historia, pero es mérito de El Elegido ser, ante todo, una impresionante galería de amores imperfectos.
Algunos links y videos importantes:
1_ Aquí van a encontrar una lista con las canciones que se escucharon en la serie, prolijamente divididas por capítulo.
2_ El blog de Verónica: un espacio en el que Verónica San Martín comparte su amor por el arte.
3_ El blog de Mariana: el personaje interpretado por Paola Krum también tiene su espacio en la web. Hay videos interesantísimos (que a Mariana le guste Daniel Jonhston es una genialidad) y textos de grandes ensayistas como Susan Sontag.
4_ Un gran video: el spot de Andrés Bilbao en su campaña para llegar a la presidencia.
PD: Lo genial de ambos blogs y de este spot, es que son espacios utilizados para enriquecer la construcción de los personajes,como si fueran personas reales. Esta forma de romper la ficción para introducirla en la realidad es una idea innovadora. Y por todo esto es que realmente El Elegido es un paso hacia delante en la ficción Argentina.
Flashforward, una historia en la que el protagonista principal es el elegido para resolver un problema mundial. Sin importar cuánto arriesgar, o qué perder, Mark Benford, agente del FBI, cumplirá ese rol. Eso, o morir en el intento.
Benford (Joseph Fiennes) se encuentra junto a su compañero coreano, Demetri Noh (John Cho), siguiendo ocultamente a tres sospechosos de terrorismo. Durante la persecución es cuando el mundo entero se detiene: todas las personas se desmayan, literalmente. No se discrimina sexo, religión, oficio… nada. Por supuesto, los que conducían medios de transportes y se encontraban circulando, fueron víctimas de accidentes de tránsito –los desmayos ocurrieron, pero las máquinas siguieron en funcionamiento- . Surfistas y nadadores, ahogados. All inclusive, la vida humana tuvo un paréntesis el 6 de octubre de 2009, durante 2 minutos y 17 segundos.
Al reunirse Benford y Noh con el resto de los federales, caen en la cuenta que, mientras sufrieron los desmayos, tuvieron una especie de “sueño”. Pero fue algo más vívido que eso, casi real, y todas las imágenes se referían a la noche del 29 de abril de 2010, exactamente seis meses a partir de esa fecha.
En su flashforward, Benford pudo ver que trabajaba directamente sobre los puntos vitales de una investigación que, casualmente, intenta desentrañar las operaciones de la organización que produjo ‘el apagón’.
Aquí es el momento de cargarse la responsabilidad sobre su espalda y crean una red social mundial llamada Mosaico, por lo que todas las personas del planeta comparten sus visiones y lo ayudarán en la búsqueda de pistas para su caso. Pero hay personas que no tuvieron visiones de su futuro –el caso más cercano es el del agente Noh- y llegan a la conclusión de que, lamentablemente, no llegarán vivos al día D. Y no todos los flashforward que llegan a manos de Benford son favorables ni lo impulsan en su búsqueda, como el de su pareja, Olivia, que vio su futuro compartiendo su cama con otro hombre, y el más frustrante de todos, el de su hija Charlie, quien tuvo la visión de dos agentes de la CIA: uno comunicándole a otro que el propio Benford estaba muerto.
La cuenta contrarreloj ya comenzó, el departamento antiterrorismo del FBI tendrá que apresurarse para dar con los culpables y así evitar un nuevo apagón. Benford tendrá que adelantarse a los hechos por un laberinto de engaños y corrupciones; el agente Noh deberá hacer lo propio para evitar su muerte, y toda la humanidad tendrá que confiar en ellos para que no vuelva a ocurrir otra catástrofe como la del 6 de octubre. Eso, o morir en el intento…
De actor a conductor, más tarde productor, luego guionista, hoy director. La solidaridad, el interés por el ser humano, la necesidad de cambiar, de no quedarse estancado en una etapa maravillosa como lo fue Montaña Rusa, sino de crecer hasta alcanzar el éxito más grande y aferrarse a él, es lo que llevó a Gastón Pauls, figura del cine argentino, de la televisión, de la vida misma, a ser alguien dentro de la fauna mediática sin siquiera haberlo anhelado. Una entrevista exclusiva con el actor.
“Basada en una historia real”. Así comenzaba Todos Contra Juan, la serie que más identificó al actor y que tuvo dos ciclos. No era una frase armada, tenía mucho más impacto personal del que cualquier televidente se podría haber imaginado: “es mi historia y la de muchos otros actores que poco saben manejar la fama y el éxito mediático. El protagonista termina canalizando con adicciones la angustia que le producía el rechazo de los colegas”, afirma Gastón a Invasión Catódica.
Como se planteaba la segunda temportada que el actor protagonizaba y dirigía, “si Viggo Mortensen logró llegar a Hollywood, ¿por qué no iba a conseguirlo Juan Perugia?”, Gastón Pauls se propuso desde el comienzo de su carrera analizar cada nuevo proyecto y mantenerse despierto. “Creo que la piedra fundamental de mi trabajo es la necesidad de crecimiento. Hay, también, un extraño placer en el riesgo que genera el constante cambio”, opina.
Fue quizás la búsqueda de madurez lo que lo llevó a conducir programas de televisión como Humanos en el Camino o Ser Urbano, donde las historias comunes cobraban protagonismo. “El hecho de querer conocerme me hizo plantearme esos proyectos. Cuando me metía en una cárcel buscaba entender mi propia libertad. Cuando recorría un barrio pobre, intentaba reconocer mi propia pobreza. Lo mismo me pasaba con las adicciones, con la soledad, con el olvido. Esos programas fueron un intenso recorrido por mi alma”, cuenta Pauls. En varias oportunidades, fue reconocido como “el nuevo Fabián Polosecki: “Fue, indudablemente, el periodista que marcó mi camino. Mi estilo es similar: me gusta entrar en los universos con respeto y escuchando más que preguntando. Es en esos silencios, en esos espacios donde encuentro lo interesante de una persona. Desde el momento en el que vi a Fabián por primera vez en pantalla, sabía que algún día iba a hacer algo así."
A pesar de que su productora Rosstoc fue acusada por acumulación de demandas y despedir a su personal, Gastón sigue adelante con su papel de Dante Peñalba en la serie de Telefé Un año para recordar, la que protagoniza junto a Carla Peterson: “Lo que me hace volver a la actuación es la posibilidad de contar las cosas de otra manera. Quiero darle al televidente la chance de elegir entre dos cosas totalmente distintas y, pese al rating que siempre demuestra la decisión que toma la gran mayoría, estoy contento de hacer lo que a mí me gusta.”
Stars Hollow es un pueblo igual a cualquier otro. La iglesia, el restaurante, el supermercado, un negocio de antigüedades, todo con la plaza como centro. El café más rico está en Luke´s, el mejor combo de panqueques con chocolate, cereal, helado, lo que pidas lo tiene. Ojo, engorda. Sí, a partir del primer capítulo comienza la gula. Esas tazas grandes y coloridas, el humo del café recién hecho, los platos que van y vuelven mientras la vista se llena de hamburguesas, papas fritas, tortas y frutas. Y ahí, There she goes (el tema con el que arranca el piloto) , así empieza esta serie.
Lorelai (Lauren Graham) es una mujer de 32 años, gerenta del Independence Inn y madre de Rory (Alexis Bledel), de 16. Sí, fue madre adolescente, huyó de la casa de sus padres y se refugió con la dueña del hotel, en el que empezó a trabajar de mucama. Su madre y su padre, Emily (Kelly Bishop) y Richard (Edward Herrmann), pertenecen a la hight society y su tiempo se divide entre eventos solidarios y cenas con sus amigos. La madre es una ama de casa de alta alcurnia que pertenece a las Hijas de la Revolución Americana y dirige su casa y la agenda como una empresa.
Gilmore Girls es como Toy Story, se banca lecturas de chicos y grandes. Es la cebolla de las series: muchas maneras de verla, muchas probabilidades de repetirla pero una aclaración, no cae mal. Bah, a algunos sí pero todo no se puede. Un pequeño pueblo que se transforma en un lugar en el mundo para el espectador: el microcine en lo de Kirk, las asambleas (que remiten inmediatamente a las reuniones de consorcio), el eterno alcalde, las fiestas populares (y no tanto), el maratón de baileque dura un día completo.
En Gilmore hay casi mil alusiones al feminismo, la música, el cine y la literatura. La primera: Lorelai está tomando un café en lo de Luke, se acerca un hombre, le empieza a hablar de bla, bla, bla y le dice que está de camino y que tiene que ir hasta Hartford (referencia, está a unos 40 minutos de distancia). Ella le contesta: estás hecho todo un Kerouac.
Se nota la mano de su creadora Amy Shermann-Palladino durante seis años. David Rosenthal, el productor ejecutivo de la última temporada, continúa la misma línea. Aunque Shermann-Palladino en alguna oportunidad dijo que ella hubiese escrito otro final. Gilmore estuvo en el aire desde octubre de 2000 hasta mayo de 2007. Y ahora, se pueden ver los capítulos en el canal Boomerang, a la madrugada. El detalle, el doblaje al español es intolerable.
Mundo de mujeres
No hace falta que Las Chicas Gilmore agite la bandera feminista, tampoco que Michel, el conserje que habla como Pepe Le Pew diga que es gay. No tiene necesidad de tirarle en la cara nada, a nadie. Es una obra maestra que trata de la independencia y de evitar caer en facilismos, desde los mínimos detalles cotidianos hasta las decisiones más importantes.
Sookie (Melissa McCarthy), la mejor amiga de Lorelai y cocinera del Independence Inn, es un capítulo aparte. Ella es tierna, divertida, bastante distraída y cuando cocina en el restaurante, el hotel corre peligro. Otra vez la comida como vía para plasmar la amistad, el placer por el trabajo y el amor. Es impecable la construcción de Lorelai como personaje. Los hechos valen más que las palabras: a Lorelai se le rompe el jeep y rastrea uno igual para poder rearmarlo, aunque sale más caro que comprar uno nuevo. Para ella hasta las cosas más pequeñas tienen nombre, otro distinto, que las resignifica y las valora.
Gilmore Girls es una serie que cruza la vida de madre e hija durante siete años, la relación de Lorelai con sus padres. Un cheque que a cambio de la inscripción de Rory al colegio Chilton compra las obligatorias cenas de los viernes. Un vínculo que Emily siempre se asegura de retroalimentar, la manipulación como una enferma forma de cariño, la única que conoce o en la que más se siente cómoda. Aquí, una de las peleas de la reunión semanal.
Luke (Scott Patterson), el dueño del restaurante que incita a los espectadores a adquirir kilos de más, le agrega fidelidad y compañerismo. La mejor escena, la noche de karaoke en uno de los últimos capítulos.
Siete temporadas que retratan los sueños de Lorelai, la forma de concretarlos y su crecimiento emocional y profesional. Y cómo Rory se empeña en lograr sus objetivos, entre ellos, entrar a la Universidad(porque así se lo propuso de chiquita) y todos los momentos felices y las decepciones por las que pasa para ser la periodista que siempre imaginó.
Lo que más resalta es el ritmo de los diálogos, cuando Lorelai está en pantalla, todo toma la dimensión de la screwball comedy de mediados de los 30 - como Ayuno de amor-. Todo el tiempo se ríe del tan ponderado y vendido sueño de toda mujer: el vestido, la fiesta y la torta de casamiento con anillo incluído. Juega, lo manipula, lo da vuelta. Los hombres en la vida de las Gilmore Girls abundan. Las chicas se enamoran pero no pierden la cabeza. Salvo algunas excepciones. Igual, los que terminan soñando, son ellos.
Aclaración: por una cuestión de derechos no se pueden insertar los videos en este post.